Multiculturalidad, interculturalidad y derechos humanos

Universalidad e indivisibilidad son dos principios guía que exigen siempre la necesidad de arraigar los derechos humanos en las diversas culturas, así como de profundizar en su dimensión jurídica con el fin de asegurar su pleno respeto. Juan Pablo II [2]

El reconocimiento de la dignidad humana es la principal conquista de la Humanidad mediante la cual se declara que “todo ser humano, por el hecho de serlo, es titular de derechos fundamentales que la sociedad no puede arrebatarle lícitamente”
[3].

Sin embargo, este principio establecido en la “letra” ¿mantiene la vigencia de su “espíritu”? ¿Sobre todo cuando converge lo cultural y lo religioso? ¿Hasta qué punto se reconoce la universalidad e indivisibilidad de los Derechos Humanos? ¿Puede justificarse la preservación de tradiciones ancestrales en detrimento de la dignidad humana?No, es la respuesta más clara y rotunda que se puede expresar al respecto, y  se sustenta en el principio que “por ser inherentes a la condición humana todas las personas son titulares de los derechos humanos y no pueden invocarse diferencias de regímenes políticos, sociales o culturales como pretexto para ofenderlos o menoscabarlos”[4].

Este principio es ratificado por los estados soberanos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que establece:

Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.[5]

Por lo tanto, la defensa de estos derechos no puede ser considerado como un mecanismo de injerencia política y cultural de Occidente pues “las luchas contra las tiranías han sido, son y serán universales”[6] a pesar de los cuestionamientos que puedan realizar los gobiernos autocráticos y/o fundamentalistas.

Sin embargo, para las mujeres africanas existe una realidad latente y difícil de eludir como es la mutilación genital femenina (MGF), práctica que consiste “una ablación parcial o total de los genitales femeninos externos u otra lesión causada a los mismos por motivos no médicos” [7].

Este acto denigrante para las mujeres se sustenta en patrones socioculturales, religiosos o espirituales, higiénicas – estéticas y psico-sexuales, que atenta que atenta contra el derecho a la  vida, a la integridad física, el derecho a no ser sometida a tortura,  tratos crueles, inhumanos y denigrantes.

Al respecto, la Organización de Naciones Unidas expresó “es inaceptable permanecer impasible ante las aberraciones de una falsa cultura, que promueve comportamientos de alto riesgo para la salud y la dignidad de la mujer, al permitir prácticas perniciosas y vejatorias para ella” [8].

Por otra parte, la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, se entiende por violencia contra la mujer

“todo acto de violencia basada en el género que tenga, o pueda tener, como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”[9].

La mutilación genital femenina es una clara violación a los Derechos Humanos de las mujeres que atenta contra el derecho a la  vida, a la integridad física, el derecho a no ser sometida a tortura,  tratos crueles, inhumanos y denigrantes.

La MGF se lleva a cabo en 28 países de África desde Senegal en África occidental hasta Somalia en África oriental y el Yemen en Oriente Medio y  ha afectado a más de más de 130 millones de mujeres y niñas.

La mayor motivación de la MGF es religiosa porque al no estar mutiladas “son impuras, sacrílegas, no podrían orar”[10] incluso este acto en algunas regiones se conoce como saliunde, que significa ‘preparada para rezar”.

Además, esta práctica se lleva a cabo como un ritual de iniciación en la vida adulta y reforzar el sentido de pertenencia de las mujeres en el grupo social, ya que,  en las sociedades patriarcales, las mujeres solo pueden acceder a beneficios mediante el matrimonio, por lo cual la MGF viene aunado a la presión social, rechazo y aislamiento para las mujeres que se niega a realizárselo.

Esgrimir la bandera de la pluralidad cultural, multiculturalidad e interculturalidad para el irrespeto de los Derechos Humanos no tiene cabida, incluso es inaceptable que se ponga en duda que la Mutilación Genital Femenina  es una violación a los derechos de las mujeres, e incluso se considere como una intervención de Occidente.

Este aspecto fue abordado por el escritor, Mario Vargas Llosa, en su artículo publicado en el diario El País de España, en el que profundiza sobre las culturas y su evolución, al considerar que las sociedades no pueden aceptar prácticas culturales que atenten contra la dignidad humana, es así como explica:

“El multiculturalismo parte de un supuesto falso, que hay que rechazar sin equívocos: que todas las culturas, por el simple hecho de existir, son equivalentes y respetables. No es verdad. Hay algunas culturas más evolucionadas y modernas que otras, y aunque es verdad que aun en las culturas más primitivas existen prácticas, usos y creencias que han enriquecido la experiencia humana y enseñanzas que las otras pueden aprovechar, también lo es que en muchas culturas sobreviven prejuicios y conductas bárbaras, discriminatorias y hasta criminales que ninguna democracia puede admitir en su seno sin negarse a sí misma y retroceder en el largo camino de la civilización que lleva andado” [11]

Por lo tanto, la defensa de los derechos humanos no puede estar signada por patrones culturales que solo implican retroceso y conforman estructuras que constituyen violaciones a los derechos conquistados por la humanidad.

Ciertamente, es un reto que las sociedades deben asumir en pro de la defensa de los derechos humanos, sin dejar de lado las concepciones culturales de los pueblos.

Otro elemento a considerar es la interculturalidad, entendida como “cualquier relación entre personas o grupos sociales de diversa cultura. Por extensión, se puede llamar también interculturales a las actitudes de personas y grupos de una cultura en referencia a elementos de otra cultura”[12].

Sin embargo, existen en el mundo diversas formas de concebir lo cultural que parte desde distintas cosmovisiones y expresiones que están arraigas en los pueblos, es por ello, que no solo hay que reconocer los derechos humanos sino plantarlos firmemente  en el espíritu de las sociedades para asegurar su pleno respecto.

Así cada uno de los individuos dotados de su concepción de dignidad y derecho podrá ser un defensor y precursor en los derechos humanos en medio de sus patrones culturales.

La comunidad internacional fija posición ante concepciones que den cabida al relativismo cultural – posición que afirma que todas las culturas, en todas partes y en todos los momentos son iguales y tienen un mismo valor legítimo y sólido, lo que impide que ellas puedan ser evaluadas” [13] – sí eso implica un retroceso en las conquistas de los pueblos en materia de Derechos Humanos.

Es inaceptable que la comunidad internacional permanezca impasible en nombre de una visión distorsionada del concepto de pluralidad cultural. Los comportamientos humanos y valores culturales, independientemente de los sensibles o destructivos que puedan parecer desde el punto de vista personal y cultural de terceros, tienen un sentido y cumplen una función para quienes los practican. Sin embargo, la cultura no es estática, sino que fluye continuamente, se adapta y reforma. La población cambiará sus comportamientos cuando comprenda los riesgos y la indignidad de prácticas perniciosas, y cuando se dé cuenta de que es posible abandonarlas sin renunciar a aspectos significativos de su cultura.[14]

Por lo tanto, en la defensa de los derechos humanos no deben existir relativismos culturales que se impongan sobre la dignidad humana, inherente a la persona, es una lucha continua que implica un compromiso real de los Estados, las organizaciones de la sociedad civil y sus ciudadanos.

Sin embargo, los Estados como garantes de los derechos humanos deben adecuar su legislación interna para que la dignidad humana sea protegida, y al momento de aplicarla debe regir el principio “pro homine” más allá de las concepciones culturales.

Por ello, afirmamos que los derechos humanos se han de arraigar en las culturas, para que finalmente se traduzca en su pleno goce.


[2] Juan Pablo II.  (1998) De la justicia de cada uno nace la paz para todos. Consultado en http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/messages/peace/documents/hf_jp-ii_mes_08121997_xxxi-world-day-for-peace_sp.html

[3] Nikken (1994). El concepto de Derechos Humanos.

[4] Idem

[5] Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948)

[6] Nikken (1994). El concepto de Derechos Humanos.

[7] La mutilación genital femenina abarca todos los procedimientos que conllevan. OMS (2008)

[8] Organización de Naciones Unidas (1996). Mutilación genital femenina, más que un problema de salud. Consultado en http://www.observatorioviolencia.org/upload_images/File/DOC1237830001_Guia1peq.pdf

[9] Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Naciones Unidas, 1993

[10] Ana Alfageme (2006) La ablación mutila África. Consultado en El País.

[11] Vargas Llosa (2007). Consultado en  http://www.elpais.com/articulo/opinion/velo/velo/elpporopi/20071007elpepiopi_4/Tes

[12] Federación Internacional Fe y Alegría (2003) Cultura. Interculturalidad, Inculturación.

[13] Leonardo Girondella (2009) Relativismo Cultural: Definición. Consultado en http://contrapeso.info/2009/relativismo_cultural_definicion/

[14] Declaración conjunta OMS, UNICEF, Fondo de Población de las Naciones Unidas, 1996.

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