El Derecho a la educación: desafío y compromiso


“No somos sólo lo que somos,

sino también lo que hacemos por dejar de ser lo que somos”.

Eduardo Galeano

El reconocimiento de la dignidad humana es el pilar de los Derechos Humanos, principio que transformó a las sociedades contemporáneas y plantea continuamente nuevos horizontes de acción que los garanticen y protejan, es un proceso que implica la participación de distintos actores que se comprometan para lograr su efectiva aplicación.

Entonces,  ¿Cuál es el camino propicio y adecuado para cumplir con este anhelo de la humanidad? ¿Existen metodología y principios aplicables para lograr esa transformación profunda de las sociedades, en la cual los ciudadanos se sientan dotados de derechos?

La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) entiende que el camino  se inicia con la educación, al considerarla un mecanismo que permite

…el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos; y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.[1]

Por lo tanto, este proceso complejo y dinámico de los Derechos Humanos, requerirá de un modelo educativo transformador de realidades, constructor de sociedades democráticas y participativas, en el cual cada uno de sus actores sea copartícipe. Es una apuesta enfocada no solo en el aprendizaje sino a la acción edificante para él y los demás.

Es así como la escuela, adquiere “un papel central en la construcción de competencias sociales que permiten a todas las personas asumirse como sujetos de derechos y defenderlos en el espacio público. En otras palabras, en la concreción del derecho a ser educado en derechos humanos”[2].

Para cumplir con esa premisa, es importante considerar la educación en y para los derechos humanos (EDH) como un elemento necesario para el ejercicio de los demás derechos, ya que, “pretende que las personas conozcan, vivencien, y asuman sus derechos, los defiendan y los promuevan, los exijan; que sepan cómo actuar en caso de que éstos sean violados” (Cfr. Magendzo, 2001).

De acuerdo con este postulado, la EDH implica un compromiso que se centra en la dignidad humana y un desafío que comprende  “desarrollar el saber, el querer y el poder actuar por la defensa de los derechos humanos y los principios democráticos”[3] mediante un enfoque holístico e interdisciplinario, que ha de considerar los contextos sociales, históricos y políticos de las sociedades, de tal forma que puedan anclarse en lo más profundo de las personas, sus relaciones interpersonales con la familia y la comunidad[4],  traduciéndose en un accionar integral.

Es decir, el reto es construir un sistema educativo con objetivos claros, y tal como indica Pacheco, F (2002)[5]

En todo sistema educativo que se precie de serlo, se debe educar sobre el derecho a ser educado, como uno de los más importantes derechos humanos. En la medida en que se realiza el proceso educativo correctamente se cumple con el derecho a la educación.

Por lo tanto, la EDH se propone construir sociedades en la cuales no se violen  la dignidad humana, se apuesta a prevenir y defender los derechos humanos, es decir, va más allá de las denuncias o reparaciones una vez que son vulnerados, la finalidad es evitar que repitan tales hechos que van en detrimento de las conquistas alcanzadas por la humanidad.

Sin embargo, este rol de educar en y para los derechos humanos no puede ser abordado solo desde la educación formal, es necesario abarcar nuevos escenarios mediante programas no formales, jornadas de capacitación, o cualquier otro mecanismo oportuno, que acerque los derechos humanos a todos los integrantes de la sociedad, es aproximarse a las comunidades y sus líderes, de tal forma que se sientan dotados de derechos, y desde su realidad sean agentes transformadores, sean educadores en derechos humanos en cada lugar.

Además, la EDH recuperará en los ciudadanos el sentido participativo y el enfoque crítico en la realidad y vida cotidiana como sujetos dotados de derechos, donde todas y todos posean los conocimientos normativos, reconozcan la dignidad humana en los otros y actúen en concordancia.

Como consecuencia, la enseñanza  de los derechos humanos debe interpelarse sobre su realidad y revisar las necesidades de la comunidad, el funcionamiento de su cultura escolar y aquello que las personas plantean, esto permitirá el diseño programas, planes y materiales que fomenten un verdadero respeto de la dignidad de las personas.

Ante estas premisas, el Estado tiene obligaciones inmediatas respecto al derecho a la educación, primero garantizarlos sin discriminación alguna, y posteriormente adoptar las medidas que permitan lograr su plena aplicación[6].

Estas obligaciones incluye: implantar la educación primaria obligatoria y gratuita para todos, hacer la enseñanza superior accesible a todos, así como adoptar las medidas que fomenten la asistencia regular a las escuelas y reducir las tasas de deserción escolar.[7]

Todos y cada uno de los  principios plasmados en instrumentos internacionales y nacionales ratifican la importancia del derecho a la educación como un elemento necesario para el ejercicio de otros derechos, por lo tanto, solo mediante la creación e implementación de currículos formales y no formales se podrán  garantizar los derechos humanos para todos y todas.

Finalmente, la educación en y para los derechos humanos es un compromiso vigente y un desafío constante que compromete a la humanidad,  es un camino claro y efectivo para el respeto de la dignidad humana, cuya finalidad es transformar realidades y concretar las aspiraciones de los pueblos plasmadas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.


[1] Artículo 26. Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948)

[2] Instituto Interamericano de Derechos Humanos. (2006). Coordinadora Rodino, A.

[3]Rodino, A.(Coordinadora) Instituto Interamericano de Derechos Humanos. (2006).

[4] Tibbits pág 2

[5] Pacheco, F. (2002). Instituto Interamericano de Derechos Humanos.Pág.17

[6] Pacto internacional de derechos económicos, sociales y culturales (PIDESC)

[7] Art. 28. Convención sobre los derechos del niño

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