Educación en Derechos humanos: ¿utopía posible?

El contexto de América Latina conformado por regímenes políticos autoritarios, crisis económicas y sociales, instituciones públicas debilitadas, corrupción y distribución desigual de las riquezas, representan un desafío para la defensa y promoción de los derechos humanos, si se traslada esa realidad a la educación en y para los derechos humanos el reto es aún mayor, y cabe preguntar ¿es posible desarrollarla?¿es una utopía? ¿Se puede hablar de “utopía posible”?  ¿Cuál es el camino a seguir para lograr estos objetivos?

Dar respuesta a estas interrogantes no resulta sencillo, ya que, es un compromiso con muchas aristas,  pero los aportes y experiencias que se obtienen en ese recorrido para hacerlo posible es motivador, y su real aplicación y desarrollo solo será posible desde la riqueza y aprendizajes de la región.Para abordar la educación en y para los derechos humanos es necesario conocer y estudiar los desafíos que representa entre ellos “histórico-filosófico”, “histórico-político” y “pedagógico”[1] para llevarlo a cabo desde un eje transversal,  en el cual los individuos se experimenten dotados de derechos y significantes en el proceso de transformación.

La educación en y para los derechos humanos (EDH) se desarrolla desde una propuesta que “entiende al hombre y a la mujer como seres en permanente construcción desde la tarea de crear el futuro, nunca cerrado en las condiciones históricas”[2].

Además, la EDH considera que “cada persona es sujeto de transformación para sí misma pero también para los demás. Todo educador en Derechos Humanos y en general todo educador, debe ser un creyente de esta esencialidad del ser humano. Esto es irrenunciable”[3].

Por ello, el desafío “histórico-filosófico” comienza desde la concepción de la “utopía posible”, en la cual, el punto de partida es la dignidad humana, es decir, el pleno reconocimiento y respeto de los derechos humanos, como expresará Paulo Freire “… la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana” [4].

La historia política de la región ha demostrado que la defensa de los derechos humanos solo es posible en democracia, aunque su aplicación actual todavía resulte insuficiente, es necesaria y urgente la plena vigencia de la democracia, como régimen político que respete efectivamente los derechos humanos.

La EDH se propone construir sociedades en la cuales no se violen  la dignidad humana, se apuesta a prevenir y defender los derechos humanos, es decir, va más allá de las denuncias o reparaciones una vez que son vulnerados, la finalidad es evitar que repitan tales hechos que van en detrimento de las conquistas alcanzadas por la humanidad.

Es un proceso que se plantea construir ciudadanía con perspectiva de derechos humanos, con concepción crítica de la realidad considerando la  diversidad, las transformaciones, contradicciones e incertidumbres de América Latina. Por lo tanto, busca fomentar el compromiso de transformar el contexto actual, para que la convivencia en definitiva sea más humana.

Asimismo, la EDH en y para los derechos humanos aspira a que estos valores sean “una forma de ser y de vivir congruente con ellos. Porque la vigencia real de estos valores está en juego en cada momento y lugar de la vida cotidiana de las personas. Para cada uno de nosotros, educadores y educandos, el ámbito de aplicación de los derechos humanos es el espacio concreto en que nos movemos todos los días y la relación con quienes interactuamos”[5], es el desafío pedagógico que es necesario abordar.

Al respecto,  Alejandro Cussianovich  plantea “estar alertas a no instalarnos en las cosas logradas sino ser críticos”[6], porque el educador en y para los derechos está convencido que los:

Derechos Humanos son la piedra de toque de todo sistema de organización societal que se nos pueda ocurrir y finalmente para afirmar que nuestra fidelidad a la tarea educativa, a la  práctica social llamada educación como una práctica transversal a nuestras prácticas políticas, sociales culturales, comunicativas, ciudadanas, productivas, filosóficas y específicamente didácticas, sigue siendo la pasión de nuestras vidas. [7]

La educación en y para los derechos humanos recuperará en los ciudadanos el sentido participativo y el enfoque crítico en la realidad y vida cotidiana como sujetos dotados de derechos, donde todas y todos posean los conocimientos normativos, reconozcan la dignidad humana en los otros y actúen en concordancia.

Es decir, la EDH no solo aspira al mero conocimiento sino que invita a la acción de los ciudadanos, una transformación desde los cimientos que se refleje en  las actitudes de las personas de  acuerdo sus nichos de participación y los roles que desempeña en la sociedad.

De esta manera, los ciudadanos adquieren el conocimiento de las instituciones que deben proteger sus derechos y acude a ellas en caso de ser atropellados, participando así en la promoción y defensa de los derechos propios y de los demás, por lo tanto, va más allá de la academia, se incorpora a su estilo de vida a su contexto y sus realidad.

La educación en Derechos Humanos entrega conocimiento referidos a los derechos fundamentales con el fin de que las personas los apliquen para promover y defender sus derechos y el de los demás. El conocimiento de los Derechos Humanos convierte al sujeto en una persona capaz de hacer exigencias para hacer vigente los Derechos Humanos y para estar en permanente vigilancia frente a la violación de derechos[8].

Además, con la EDH los ciudadanos pueden fijar posición ante los atropellos de las instituciones que están llamadas a protegerlos, identifican su rol protagónico y transformador de su entorno, analiza y comprende su contexto, sin delegar las responsabilidad que tiene para que el goce y vigencia de los derechos humanos deje de ser una utopía la y se convierta en una “utopía posible” que se construye en la cotidianidad.

De igual forma, se propone empoderar a los ciudadanos para que estén comprometidos con el bien común, a partir del análisis crítico de las tensiones, conflictos, e intereses de poder tanto públicos como privados,  que van en detrimento de la dignidad humana.

Para lograr estas metas la educación en y para los derechos humano considera que no es solo cuestión de educar, sino que el reto mayor consiste en lograr la práctica de los conocimientos adquiridos, y tal como dijera  Alejandro Cussianovich “el paso del valor a la virtud es fundamental y lo que nosotros necesitamos es gente con virtudes” [9], porque el problema más importante no es quizás el desconocimiento sino el compromiso real para la defensa y promoción de los derechos humanos, el principal logro que se puede atribuir la EDH es lograr que la defensa de la dignidad humana sea un proyecto de vida para cada uno de los ciudadanos de las sociedades.

Por otra parte, el educador en y para los derechos humanos cree firmemente en la capacidad transformadora de los individuos y es al mismo tiempo “un constructor de razones para esperar”[10].

Sin embargo, está consciente de la lentitud de los sistemas políticos para garantizar la vigencia los derechos humanos en todas las esferas de la sociedad, y comprende que son altas las expectativas y en muchos casos están insatisfechas.

Por lo cual, el educador en y para los derechos humanos aprende:

…a no quebrarse por deseos, aspiraciones y expectativas que tienen otro ritmo para su satisfacción. Aceptar este “en diferido”, no es para nada conceder o aceptar lo inaceptable, sino un ¡sentido político responsable y un sentido humano respetuoso de los procesos y de los tiempos para lograr nuestras metas.

Asimismo, la EDH concibe la promoción y defensa  de los derechos humanos desde una perspectiva ética, que reconoce lo esencial, lo que está en juego en los procesos políticos, económicos y culturales de América Latina, busca el reconocimiento de la dignidad humana en todas las esferas de la sociedad.

La meta de la EDH es que forjar sociedades donde no se atropelle la dignidad humana, busca al mismo tiempo

…construir una convivencia pacífica y democrática, cada día más respetuosa de la vida y las libertades individuales, más igualitaria, justa y solidaria para todos y cada uno. En breve: más humana. Vista de esta manera, es un motor de transformaciones individuales y sociales[11].

América Latina ha desarrollado la educación en y para los derechos humanos[12] con su matiz particular que está impregnado de diversidad, riqueza cultural y fuerte arraigo de los valores democráticos – a pesar de los regímenes autoritarios- que le han permitido un intercambio de experiencias y metodologías para la defensa y promoción de estos derechos.

La EDH en la región se ha enfocado en la necesidad de transformar mentalidades y actitudes, busca por lo tanto  trastocar las bases del comportamiento de los sujetos, se plantea entonces como un estilo de vida, una percepción transversal de la defensa y promoción de los derechos humanos, es decir, es una propuesta de cambio de real de contextos adversos.

En principio está propuesta puede parecer utópica incluso alejada de su posible aplicación, es por ello, que el mayor desafío y reto de la educación en y para los derechos humanos es convertir la situación actual de la región en escenarios de razones para la transformación  para el cambio, basados en la participación, ciudadanía y democracia, así  compromiso con los derechos humanos.

Es un cambio de contradicciones e incertidumbres, pero también es el camino de las posibilidades, de los desafíos y la “utopía posible” donde cada individuo cumple un rol transformador y es coparticipe en la defensa y promoción de los derechos humanos.

La educación en y para los derechos humanos apuesta a la transformación, a la construcción del pensamiento crítico y definitivamente a la acción, es un compromiso que va más allá de la formación académica, es un camino de construcción de esperanza, de razones para creer que es posible la defensa de los derechos humanos, pero sobre todo a avanzar.

“Pa´lante y pa´arriba,

aunque la cuesta sea empinada

y a veces resbaladiza”[13]


[1] Rodino, Ana María. Trabajar por la utopía: La educación en y para los Derechos Humanos. Conferencia inaugural del Programa de Doctorado en Educación de la Universidad Estatal a Distancia de Costa Rica. San José, Costa Rica, 7 de setiembre de 1998.

[2] Vidal, 1988. Ruiz y Gándara. Guía conceptual. P. 2

[3] Cussianovich,  Alejandro.  Desafíos de la Educación en Derechos Humanos  para hacer posible la Democracia y recuperar la Alegría. Lima, 2001

[4] Freire,  En Rodino, Ana María. Trabajar por la utopía: La educación en y para los Derechos Humanos.

[5] Rodino, Ana María. Trabajar por la utopía: La educación en y para los Derechos Humanos

[6] Cussianovich,  Alejandro.  Desafíos de la Educación en Derechos Humanos  para hacer posible la Democracia y recuperar la Alegría. Lima, 2001

[7] Mariátegúi, José. En Cussianovich,  Alejandro.  Desafíos de la Educación en Derechos Humanos  para hacer posible la Democracia y recuperar la Alegría. Lima, 2001

[8] Magendzo, Abraham. La Pedagogía de los Derechos Humanos. Página 3. Lima, 2001

[9] Cussianovich,  Alejandro.  Desafíos de la Educación en Derechos Humanos  para hacer posible la Democracia y recuperar la Alegría. Lima, 2001

[10] Ídem

[11] Rodino, Ana María. Trabajar por la utopía: La educación en y para los Derechos Humanos

[12] Bolívar, Ligia. Significados Teóricos y Prácticos  que tiene para la Educación en Derechos Humanos en el contexto de los países latinoamericanos. Pág 4 Lima, 2001.

[13] Hermano Ginés. Miembro de la congregación de los Hermanos de La Salle.

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