Aproximación a la educación en y para los Derechos Humanos

El reconocimiento de la dignidad humana transformó las sociedades contemporáneas y planteó nuevos horizontes de acción para el respeto y defensa de los Derechos Humanos, este principio consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos necesitó a la largo de la historia de los aportes de distintos actores que no solo se supieran dotados de derechos sino que se comprometieran para lograr su efectiva aplicación y goce beneficiando a todas las personas sin distinción alguna:

Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.[1]

El contexto propio América Latina – regímenes políticos autoritarios, crisis económicas y sociales, instituciones públicas debilitadas, corrupción y distribución desigual de las riquezas, entre otros aspectos – abrieron el camino y afianzaron el proceso para la educación en y para los derechos humanos (EDH) como el mecanismo idóneo para garantizarlos y defenderlos desde todas las esferas de la sociedad.

La educación y para los derechos humanos puede ser entendida como  “una determinada forma de estar ante la realidad, de comprenderla y asumirla; de una concepción del ser humano, de su condición histórica y social; de una manera de entender la educación, sus principios y razón de ser” [2].

Por lo tanto, la EDH está ligada a la construcción de ciudadanía, la democracia participativa y el desarrollo, es por ello, que no puede ser concebida solo desde la perspectiva formal de la educación o principios jurídicos, debe ir más allá, es un proceso de interiorización de “principios, valores y normas orientados al reconocimiento y protección de la dignidad humana”[3]

La educación en y para los derechos humanos, no puede desvincularse del contexto, las realidades concretas de las personas, es así una “práctica social no sólo responde a la necesidad de reivindicaciones inmediatas de carácter material, sino también está enraizada en la necesidad de dotación simbólica para hacer posible una vida humana que pueda preciarse de tal”.

Asimismo, la EDH se plantea fines concretos para llevar a cabo sus objetivos para que los Derechos Humanos superen la premisa de la utopía  y se convierta en una realidad transformadora.

La EDH se concibe formar sujetos de derechos que comprendan su valor y dignidad, así como el reconocimiento de estos derechos y libertades en los demás, dotándolos de autonomía y logrando se apropien de valores aplicables a sus contextos particulares.

Además, la educación en y para los derechos humanos apuesta a prevenir y defender tales derechos, así las personas se apropian de ellos, y al  mismo tiempo se capacitan para responder en caso de ser violados pero no solo eso sino para evitar que se repitan tales acontecimientos que atropellan la dignidad humano.

Asimismo, atiende al fin de construir ciudadanía, en el cual cada individuo se sienta coparticipe y responsable en la edificación de sistemas democráticos que garanticen y respeten la dignidad humana, todo esto desde una perspectiva crítica de la realidad.

Por otra parte, la educación en y para los derechos humanos asume principios que abarca distintas dimensiones[4]:

  • Corporal: reconociendo la integralidad de los seres humanos, así como su realización personal y síquica.
  • Racional: busca afianzar el pensamiento crítico, la reflexión y conocimiento de los derechos humanos, por lo tanto, apuesta a la razón para comprender la magnitud del reto.
  • Emocional: es una dimensión que se enfoca hacia la fe, la religión, filosofía y vocación que finalmente se traducirá en acción a partir de los deseos, motivación afectiva, apela a la sensibilidad presente en las personas.
  • Intencional: por estar dotada de sentido, direccionalidad y objetivos sobre las transformaciones que quiere suscitar en la sociedad en la que se desarrolla.

Es así como la educación en y para los derechos humanos busca que cada persona se sienta dotada de derechos, se movilice para su defensa y protección, y reconozca a los otros a partir de su dignidad humana.

La EDH tiene entre sus actores a las organizaciones de derechos humanos, que han transformado su rol  para abarcas aristas del problema y evitar que las violaciones a la dignidad sigan ocurriendo y tal como nos indica Ligia Bolívar

las organizaciones de derechos humanos comienzan a redefinir su papel; la necesidad de asistencia a casos individuales ha disminuido sensiblemente Y esto ha llevado a los grupos a buscar un nuevo espacio social basado en una visión más amplia de la defensa y promoción de los derechos humanos. De esta forma, aunque se continúa trabajando en los problemas “tradicionales” de defensa de los derechos civiles Y políticos, se comienza a dar un énfasis especial al tratamiento de los derechos económicos, sociales y culturales, orientándose particularmente a actividades de promoción y educación como un medio de concientización para evitar la repetición de las condiciones que hicieron posible la violación masiva de los derechos humanos durante los gobiernos de facto.

Por lo tanto, la apuesta va hacia la construcción de caminos pedagógicos que a largo plazo se traduzcan en nuevas actitudes y condiciones de vida, es decir, va más allá de la dimensión cuestionadora y se enfoca en la lucha integral de los derechos humanos, valiendo del recurso transformador que poseen las personas para lograr el bienestar para todos y todas por igual.

La educación en y para los derechos humanos se debe llevar a cabo con un norte ético que no considera esta lucha utópica sino como proceso realizable que va desde  construcciones sociales, debate de ideas, participación democrática y ordenamientos jurídicos, es una visión holística del problema, que considera a sus actores y retos pero sobre  todo con una dimensión transformadora en pro de la defensa y protección de la dignidad humana.

Es por tanto, la EDH un estilo de vida que  “requiere hacerse cargo de la realidad, cargar con ella y encargarse de ella; un conocimiento serio de la realidad, un compromiso profundo por su transformación hacia cotas más altas de humanidad, y la determinación de sumir los costos”[5], cuyo resultado al final de la jornada sea el goce efectivo de los derechos humanos para todas las personas.


[1] Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948)

[2] Vidal (1988). En Ruiz y Gándara .Guía conceptual. Pág. 5

[3] Ídem

[4] Ruiz y Gándara .Guía conceptual

[5] Ellacuría, 1991

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