Energía malévola

Ingreed Martinez
Ingreed Martinez

Danny trató de dormir, le fue imposible, en su mente escuchaba los gemidos suaves y suplicantes de Yesenia, esos lamentos lo atormentaban desde hace cinco años, para ese entonces tenía 15 años, y ahora los recordaba vividamente.

Él se desplazaba por las calles rumbo a la casa de su amada, Yesenia, por la que sentía una energía que lo inducía a un fin malévolo, lo descrifó uan tarde de aquellas cuando sintió enormes deseos de asesinarla, pero cruelmente, para poder observar en sus ojos el pavor de saber que las manos de su amante le proporcionaban la muerte, una muerte feliz como pensaba Danny.

Mientras ella dormía en el sofá, él planeó cada paso que debía realizar para que todo fuese  perfecto, las agujas del reloj corrían lentamente y retumbaban sin cesar en sus oídos, finalizaba la tarde y el sonreía al ver acercarse los días en los que compliría su cometido.

Pasó así una semana llena de fuerzas encontradas porque él sentía hacia ella demasiado amor pero también anhelaba matarla, verla sufrir por no haber decidido a dar ella el primer paso para una relación verdadera , y ahora justamente ahora que la tenía a su lado no aceptaba su cobardía y no la pudo perdonar, aunque hizo muchos esfuerzos.

Era un día lluvioso, la espesa neblina abundaba en la cabaña donde Danny la citó, era el sitio perfecto, una cálida chimenea y una cama confortable para una velada inolvidadable. Y fue una noche de pasión desenfrenada, sus cuerpos se fundieron de tal manera que llegaron a ser uno, justo así lo había planeado, era la oportunidad.

La besó en el cuello y dijo: “te ame, te amo y te amaré siempre”, seguido tomó entre sus manos su frágil cuello y lo presionó poco a poco hasta cortar su respiración, Yesenia en su último suspiro preguntó : ” dime por qué lo haces, yo te amo”.

Danny disfrutaba ver sus ojos ese brillo, que lo enloquecía, no admitía la resignación con que Yesenia pedía respuestas. Él sólo alcanzó a decirle que su cobardía opaco su belleza interior y no podía soportar eso, pero que la amaría siempre. Ella besó las manos de su opresor y expiró.

Danny se deshizo del cuerpo y se marchó a su casa, cantando la canción preferida de los dos, transcurrieron así cinco años, y aún escucha las últimas palabras de su amada sobre todo los días de lluvia. Solo que ahora vivía recordando cada instante sin poder dormir.

Este cuento fue escrito en una noche de lluvia, después de largas lectura de  Allan Poe.

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